HOMILÍA DE MONS. WILLY PINO, OBISPO DE GUANTÁNAMO-BARACOA,
EN LA MISA CELEBRADA EN EL AÑO SACERDOTAL
POR EL INICIO DEL AÑO CENTENARIO
DEL NATALICIO DEL PADRE PASTOR GONZÁLEZ Sch.P.
Catedral de Guantánamo, 25 de julio del 2009
Queridos hijos e hijas: Al P. José Luis Rodríguez, un sacerdote a quien admiro mucho por su sabiduría y su humildad (una combinación de virtudes nada fácil de encontrar hoy día en una misma persona) he oído decir muchas veces que "la casualidad no existe, sino la Providencia ". Y que la Providencia de Dios es la que provoca cada día unos acontecimientos extraordinarios a los que nosotros, de manera equivocada, llamamos "casualidades", y no son más que "providencias de Dios".
Dios ha querido invitarnos, a través del Papa Benedicto, a celebrar un Año Sacerdotal que recién hemos comenzado. Y en nuestra programación diocesana para celebrar este Año Sacerdotal, la providencia de Dios ha querido que durante este mes de agosto recemos por todos los sacerdotes vivos o difuntos que en algún momento realizaron su labor pastoral en nuestra Diócesis.
Y, más aún, la providencia de Dios determinó que, en este Año Sacerdotal, el P. Pastor González, uno de esos grandes sacerdotes que el propio Dios regaló a la Iglesia en Guantánamo, hubiese celebrado el centenario de su natalicio.
Como Obispo Diocesano, siento un orgullo inmenso al convocar a toda la Diócesis a recordar la labor de ese extraordinario sacerdote que, como el Buen Pastor del Evangelio de hoy, conocía a todas las ovejas por su nombre y supo dar su vida por ellas. Antes de conocer personalmente al P. Pastor, ya había oído hablar de él, en mi época de seminarista, a través del P. Quijano y de Mons. Dionisio, en aquel entonces, mis compañeros de seminario. También a través de una guantanamera en Camagüey: Carlotica Vidaud.
Para nosotros, los nuevos sacerdotes, el P. Pastor y afortunadamente otros muchos, se convierten en modelos a imitar. Como el Profeta Eliseo le suplicaba a su maestro Elías que antes de marcharse le concediera aunque fuera "una tercera parte de su espíritu" (2Rey 2, 9), así nosotros quisiéramos hoy poder tener aunque fuera una cuarta o quinta parte del gran espíritu que los movió a ellos, en circunstancias a veces no muy fáciles y, por supuesto, desconocidas, a no abandonar el rebaño que les había sido confiado.
En 1986, hace 23 años, se celebró el Encuentro Nacional Eclesial Cubano. De su Documento final saco estos puntos que expresan cómo querían las comunidades que fueran sus sacerdotes:
-Nuestras comunidades pedían (y siguen pidiendo) que el sacerdote sea, ante todo, un hombre de Dios, de vida interior, que actúe movido por criterios evangélicos y comparta su experiencia de Dios;
Así fue el P. Pastor, capaz de venir a esta, su iglesia, a pasar la noche en oración, como Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando sentía en peligro la paz del país, o amenazada la salud de alguno de sus fieles o simplemente cuando alguno de los jóvenes, a cuya formación se consagraba, enfrentaba alguna crisis espiritual
-Nuestras comunidades pedían (y siguen pidiendo) que el sacerdote sea el hombre de la misión, preocupado por el anuncio de la Palabra , con celo apostólico, entrega generosa y espíritu creador;
Así fue el P. Pastor. Las circunstancias nuevas para la Iglesia le obligaron a dejar la labor profesoral que tanto amaba como buen escolapio, para animar con su presencia de pastor infatigable la vida de las comunidades de Guantánamo, Baltony, Caimanera, etc. Por mucho tiempo fue el único sacerdote en la ciudad de Guantánamo en las iglesias de Santa Catalina (hoy Catedral) y La Milagrosa. Su divisa fue unir como una sola comunidad a los miembros de las dos parroquias de la ciudad.
-Nuestras comunidades pedían (y siguen pidiendo) que el sacerdote sea capaz de compartir los proyectos y las tareas pastorales, en comunión con su obispo, con los demás sacerdotes, las consagradas y los laicos; y estar dispuesto a formar un equipo de vida, si ello fuera posible;
Así fue el P. Pastor quien, más que un colaborador entusiasta y eficaz de los Obispos, supo acompañar con su experiencia, sabiduría y humildad a Mons. Pérez Serantes y a Mons. Meurice, sobre todo en las horas difíciles. Para los sacerdotes era un pozo de sabiduría. Doy testimonio de que en las Convivencias Sacerdotales de cada año en El Cobre siempre era fácil ver cómo un buen número de nosotros se sentaba junto al P. Pastor para aprender de su vida y de la historia patria.
-Nuestras comunidades pedían (y siguen pidiendo) que el sacerdote sea entusiasta y dinámico, insertado en el pueblo y adaptado a la realidad cubana;
Así fue el P. Pastor: animador de las comunidades religiosas y animador y promotor de cultura para toda la sociedad guantanamera, a la que supo revelar las raíces de nuestra identidad nacional y lo más valioso de una cultura pródiga en figuras que, desde su cubanía y de sus artes, supieron irradiar universalidad hacia todas las latitudes como Esther Borja, Bola de Nieve, Jorge Mañach, Rita Montaner, Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Eliseo Diego, Cintio Vitier, etc. Me cuentan que el P. Pastor solía decir que al cubano que no le gustara la canción "Quiéreme mucho" debía revisarse como cubano, que algo le faltaba a su cubanía"…
-Nuestras comunidades pedían (y siguen pidiendo) que el sacerdote sea capaz de dialogar y de ayudar a las comunidades a ser dialogantes; bondadoso, discreto, desinteresado, sencillo y de buen carácter.
Así fue el P. Pastor: conocedor del valor del diálogo, forjador de comprensión y entendimiento entre las personas, gestados desde el respeto a la diversidad y a la tolerancia. Siempre al servicio de esa comunión abrió su casa no sólo a católicos sino también a masones, marxistas, ateos, etc. Y sobre su desinterés por lo material, baste esta anécdota: Como no tenía reloj, sus amigos hacían una colecta y le regalaban uno… que poco tiempo después él regalaba a otro. La solución que encontraron sus amigos fue regalarle otro más, pero en el que previamente habían cifrado el nombre del P. Pastor.
En esta celebración eucarística, los guantanameros todos damos hoy gracias especiales a muchos sacerdotes que trabajaron o trabajan en esta tierra buena del Evangelio.